En el corazón de Bellavista, Bojayá, donde alguna vez resonaron los ecos de la guerra, hoy florecen los cantos de la esperanza. Durante la conmemoración de la masacre del 2 de mayo, la comunidad se unió en una emotiva procesión liderada por el Cristo Mutilado, símbolo vivo del dolor y la resistencia. Este ícono, que acompañó el camino de las víctimas, será postulado como Bien de Interés Cultural (BIC), en un esfuerzo por preservar la memoria y dignificar su historia.
El río Atrato, testigo silencioso de innumerables pérdidas, fue el centro de un acto simbólico de reparación. Allí, en sus aguas, se tejieron palabras de perdón, reconciliación y promesa de no repetición. La comunidad de Bojayá sigue trabajando por su transformación, apostando por la cultura, la educación y el arte como herramientas para sanar las heridas del pasado.
Este homenaje no solo recuerda a las víctimas, sino que también reafirma el compromiso de un pueblo que resiste y renace desde la memoria. Bojayá nos enseña que la paz no es olvido, sino reconstrucción del alma colectiva.






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