Riosucio, Chocó, atraviesa una preocupante crisis de convivencia nocturna. Lo que antes era un espacio para el encuentro social se ha transformado en escenario de riñas, hurtos y agresiones. La madrugada del 13 de octubre, José Enrique Tequia Arce, joven indígena de la comunidad Unión Chamí, fue víctima de una brutal agresión en el barrio Benjamín Hidalgo. Su caso refleja el deterioro social que se vive cada fin de semana en las calles del municipio.
José Enrique, miembro activo de la guardia indígena, fue hallado inconsciente tras recibir un golpe con un objeto contundente, presuntamente una piedra. Los bomberos reportaron dificultades para asistirlo debido al desorden vehicular. Fue trasladado en estado grave a la clínica Santa Sofía de Asís y luego remitido a Urabá.
Este no es un caso aislado. Cada madrugada en Riosucio se repiten escenas similares: peleas por intolerancia, consumo excesivo de alcohol y drogas, robos y una creciente sensación de inseguridad. La juventud, sin suficientes espacios de oportunidad ni orientación, termina siendo la más afectada por esta descomposición silenciosa.
Los cabildos indígenas y líderes sociales han pedido respuestas urgentes. Más allá de reforzar la seguridad, se requiere una intervención integral que incluya educación, cultura ciudadana, prevención y acompañamiento comunitario. Si no se actúa pronto, las madrugadas seguirán contando historias de violencia y olvido.
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