La calma de la mañana en el barrio Benjamín Hidalgo de Riosucio se rompió cuando un grito alertó a todos: “¡fuego!”. En cuestión de segundos, el humo salía por las rendijas de la casa de Nanci Moreno, conocida cariñosamente como “La Coco”. Según versiones preliminares, una pipeta de gas propano habría originado el conato de incendio que desató el miedo entre los vecinos.
Gracias a la rápida reacción de la comunidad, que corrió con baldes de agua y valentía, las llamas fueron controladas antes de causar una tragedia. Minutos después, los bomberos voluntarios de Riosucio llegaron al lugar para completar las labores, revisar la vivienda y recordar la importancia de la prevención de fugas de gas y el buen estado de las instalaciones domésticas.
Aunque en esta ocasión nadie resultó herido, el susto dejó una gran reflexión: en Riosucio, los incendios domésticos se han vuelto frecuentes, y las emergencias parecen repetirse con preocupante regularidad. A veces es una vela, una fuga, una chispa o un descuido; las causas cambian, pero el riesgo sigue siendo el mismo: perderlo todo en un instante.
Este episodio deja encendida una nueva alerta sobre la urgencia de fortalecer los cuerpos de socorro, mejorar la atención de emergencias y promover campañas de prevención comunitaria. En Riosucio, la solidaridad sigue siendo el primer sistema de respuesta: los vecinos actúan antes que nadie, recordando que, frente al fuego, la unión y la precaución salvan vidas.
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