Un fenómeno migratorio inverso está ocurriendo en la subregión del Urabá antioqueño, donde en menos de una semana han desembarcado más de 1.200 migrantes procedentes del Tapón del Darién. Autoridades locales advierten que los municipios de la zona no cuentan con los recursos suficientes para atender a esta población en tránsito, que busca retornar a su país tras no lograr su objetivo de ingresar a Estados Unidos.
De acuerdo con los reportes, alrededor de 300 migrantes llegan diariamente a los muelles de Necoclí y Turbo, tras viajar desde Panamá en embarcaciones de madera. El endurecimiento de las políticas migratorias en EE.UU. ha generado una oleada de retornos, lo que ha puesto en máxima alerta a las autoridades del Urabá, quienes temen un represamiento de ciudadanos extranjeros en la región.
Keila Chirino, migrante venezolana, relató su experiencia tras un intento fallido de llegar a Estados Unidos. Su esposo logró ingresar el año anterior, pero ella y su hija quedaron varadas en el trayecto. «Nos dijeron que en Costa Rica nos iban a gestionar un vuelo humanitario, pero no solucionaron nada. Luego, en Panamá la situación fue muy difícil», expresó.
El retorno de los migrantes sigue un proceso estructurado, aunque costoso. Aquellos con recursos pueden pagar hasta 230 dólares para ser transportados desde México hasta Costa Rica, luego hacia Panamá y finalmente a Colombia, donde ingresan por Capurganá y Acandí antes de llegar a los puertos del Urabá. Sin embargo, el trayecto sigue siendo riesgoso, con relatos de viajeros que han pasado días en altamar en condiciones precarias.
Ante esta situación, los gobiernos locales han solicitado apoyo a las entidades nacionales e internacionales para manejar el creciente flujo migratorio y evitar una crisis humanitaria en la región.
