Por: David Córdoba – Dacova
No preguntes por mí cuando no me veas. Porque mientras estuve no me vistes. Era invisible, aunque caminaba, saludaba y conversábamos. Definitivamente, la visibilidad no depende de que estés ahí, depende de que se piensa de ti. Se puede invisibilizar lo visible. Vivimos en una sociedad donde prima el uso a conveniencia, lo que significa algo ahora, en otro instante puede significar nada. Decidimos quién y que tiene valor y que no (oportunismo) catapultamos, desbarrancamos. No me ves como un ser humano, sino como un medio para lograr un fin, como una moneda de cambio, como un trampolín. El valor para ti es subjetividad y conveniencia.
Cuando me dijiste: Celebro que estés aquí, tu apoyo, tu compañía. No sabes que “una sonrisa puede iluminar los lugares más oscuros” (Steve Maraboli) y, hasta, salvar una vida. Nada motiva más al ser humano que sentirse querido y apreciado. Nos convertimos en luz y sombra, proximidad y lejanía, qué rápido has cambiado tu perspectiva, ¿no sabes quién soy y que hago, me recuerdas o estás sufriendo de amnesia?, ah, pero cuando me necesitabas fácilmente me encontrabas, ahí el gps nunca fallaba para una llamada, ahora todo es offline, has cambiado sin ton, ni son. Por lo dicho no te preocupes, ya descubrí mi verdadera valía y tomo el control de mi vida.
Ahora me ves, cuando ya me fui.
Solemos cometer este acto a menudo con las personas y con todo lo que está a nuestro alrededor, descuidamos los detalles, nos perdemos de cosas valiosas y maravillosas. El que descuida pierde, por no haber valorado en el tiempo aquello que estuvo allí, solo esperando un momento de atención. Valoramos en la ausencia, despreciamos en la presencia. Normalizamos tanto que invisibilizamos, “solemos perder de vista lo que está cerca”. “No esperes a que otras personas definan tu valor” consolida tu autoestima, no eres un objeto, eres una vida y la vida no se maltrata, se cuida. Asegúrate de no mirarte a través de los ojos de quienes no te valoran, tú sabes cuánto vales, ellos no.
