Por primera vez en Colombia, cincuenta líderes y lideresas del Bajo Atrato fueron certificados como promotores comunitarios para buscar a sus familiares y vecinos desaparecidos. Esta iniciativa, impulsada por la organización Proclade Colven junto con la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas (UBPD) y la Parroquia Nuestra Señora del Carmen, marca un avance importante en el derecho a la verdad desde los propios territorios.
Se trata de hombres y mujeres de Riosucio, Carmen del Darién (Chocó) y Murindó (Antioquia) que conocen cada sendero, cada historia y cada silencio de su región. Muchos de ellos han sufrido directamente la desaparición de seres queridos por causa del conflicto armado, lo que los convierte en acompañantes cercanos, capaces de tender la mano con empatía y conocimiento.
Durante siete encuentros teóricos y prácticos, este grupo se preparó en temas como la desaparición forzada, la documentación de casos, la recolección de datos y la identificación de posibles sitios de enterramiento. Su formación les permitirá guiar a las familias en el complejo proceso de búsqueda humanitaria, aportando confianza y cercanía donde la institucionalidad muchas veces no alcanza.
Sebastián Mena, líder afrodescendiente del Bajo Atrato, explicó por qué esta tarea no puede recaer solo en quienes llegan desde fuera: “Nosotros vivimos aquí, sabemos cómo movernos, la gente nos conoce y nos cuenta la verdad. Eso hace la diferencia. Hay confianza, y esa confianza abre puertas que antes estaban cerradas”.
Las cifras dan cuenta de la magnitud del desafío. Solo en el Bajo Atrato hay más de mil personas registradas como desaparecidas, parte de las más de nueve mil que la UBPD tiene contabilizadas en toda la región del Urabá, el Darién y el Bajo Atrato.
Con su certificación, estos cincuenta promotores no reemplazan el trabajo técnico ni forense, pero sí se convierten en una pieza esencial para recolectar información, tender puentes con las autoridades y devolver a las familias algo de la serenidad que se pierde cuando un ser querido no aparece.
Esta experiencia busca crecer y replicarse en otras zonas del país, para que el derecho a la verdad no dependa exclusivamente de las instituciones y pueda abrirse paso desde el corazón de las comunidades. Así, la búsqueda de los desaparecidos se fortalece, caminando con paso firme y arraigado en quienes más saben: quienes han vivido la tragedia en carne propia y ahora eligen transformar su dolor en acción.
