Un ambiente de misterio y temor se apoderó del muelle de Riosucio (Chocó) tras el descubrimiento del contenido de una encomienda abandonada. El paquete, que permaneció guardado por varios días tras ser presuntamente olvidado por una viajera que nunca regresó a reclamarlo, fue abierto por los propios trabajadores del muelle ante la falta de reclamación. Lo que encontraron en su interior generó de inmediato una fuerte conmoción entre quienes presenciaron la escena.
Dentro de la encomienda se hallaron elementos que, según la interpretación de los testigos, no dejaban lugar a dudas sobre su propósito: muñecos de tela rojos, una almohadilla verde, varios frascos y papeles con marcas y símbolos indescifrables. Esta colección de objetos fue rápidamente asociada con prácticas de brujería, provocando incomodidad y una ola de conjeturas sobre las intenciones del remitente o el destinatario original.
Lo más inquietante del episodio es la total ausencia de datos claros; no se pudo establecer el origen ni el destino del paquete, ya que carecía de nombres o direcciones precisas. Ante la creciente preocupación y la intuición de que el contenido representaba un riesgo, las personas que abrieron la caja tomaron una decisión drástica e inmediata: quemar todos los elementos para neutralizar cualquier posible afectación a la comunidad, asegurando que el objetivo, si lo había, no se cumpliera.
Este incidente ha dejado un ambiente cargado de desconfianza y ha puesto en evidencia las serias interrogantes sobre la seguridad y el control de lo que se transporta sin supervisión adecuada en las rutas fluviales del Chocó. Más allá de las creencias personales, el caso subraya cómo hechos insólitos pueden sembrar miedo y suspicacia en la vida cotidiana de los habitantes ribereños.
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