ProDefensoras es una iniciativa conjunta de ONU Mujeres y la Embajada de Noruega implementada por la fundación Círculo de Estudios en Chocó y Urabá.




En los territorios donde la defensa de los Derechos Humanos se vive como una apuesta de vida o muerte, el cuidado ha dejado de ser un asunto privado para convertirse en una poderosa herramienta de resistencia política.
Esta visión cobró vida a través del programa ProDefensoras, una iniciativa implementada por la Fundación Círculo de Estudios en alianza con ONU Mujeres y la Embajada de Noruega. El objetivo central ha sido fortalecer las capacidades individuales, colectivas e institucionales de mujeres, lideresas sociales y personas LGBTIQ+ defensoras de Derechos Humanos en Quibdó (Chocó) y Apartadó (Antioquia).
El Círculo que abraza el territorio
Para entender la magnitud de ProDefensoras, es necesario mirar el corazón de la Fundación Círculo de Estudios. Luisa Triana, integrante de la fundación, explica que la organización trabaja bajo tres ejes fundamentales: el acompañamiento psicosocial con enfoque étnico-territorial, el fortalecimiento de capacidades de protección y la incidencia para la garantía de derechos.
“Nuestra labor no es asistencial; es política. Buscamos que el cuidado sea una armadura”, señala Luisa. Este enfoque se entrelaza directamente con ProDefensoras, un proyecto que nació para responder a los riesgos extremos que enfrentan quienes lideran procesos sociales en zonas de conflicto. A través de un fondo concursable, el proyecto no solo entregó recursos económicos para fortalecer proyectos locales, sino que brindó herramientas de seguridad física, digital y, sobre todo, una red de contención emocional que permitió a las organizaciones seguir en pie.
Liderar bajo fuego: Los riesgos en Quibdó y Apartadó
La realidad en el terreno es cruda. En Quibdó, las lideresas enfrentan una crisis humanitaria marcada por el control de grupos armados y el reclutamiento de jóvenes. La Red de Madres y Cuidadoras de Jóvenes Víctimas de Homicidio enfrenta un panorama desolador: más de 800 jóvenes asesinados desde 2015. Leidy María Hurtado Castaño, integrante de la red, describe cómo ProDefensoras facilitó que mujeres con el mismo dolor se apoyaran y se fortalecieran ante un Estado que a menudo normaliza estas muertes.
“Entonces, nosotras hoy somos mujeres que podemos hablar un poquito, por ejemplo, de un derecho de petición, de una reclamación bien argumentada ante cualquier entidad, nos sabemos defender, sabemos reclamar nuestros derechos y sobre todo eso, sabemos que no vamos a pedir un favor, sino que estamos exigiendo nuestros derechos”, dijo.
En Apartadó, el panorama no es menos complejo. Alba Lucía Díaz, de la Asociación Corazón Verde y de la Red Diversa describe cómo el estigma y la violencia sexual son armas utilizadas para silenciar a quienes defienden la tierra y la diversidad. Para la población LGBTIQ+, el riesgo es doble.
“Para mí es muy importante porque yo como llideresa social, defensora de los Derechos Humanos hemos venimos trabajando desde el 2014 cuando hicimos el primer plantón defendiendo los derechos de las mujeres que han sido víctimas de violencia sexual y violencia basadas en género y personas diversas…creemos que tenemos que ser muy cuidadosos en esa parte y hay territorios donde sí hemos podido entrar y hemos expandido nuestro conocimiento a muchas mujeres que aún tienen miedo de venir y declarar el hecho victimizante”, agregó la lideresa.
Gosling Sharok Hernández, de la Red de Mujeres Trans y Empatía Chocó, enfatiza que el simple hecho de existir y reclamar espacios públicos es un acto de valentía en un contexto donde el patriarcado se impone por la fuerza. “Este proceso permitió que nos acercáramos un poco más y que esas barreras, esas diferencias por tu manera de ser, tu forma de expresarte, se hiciera un lado y nos llevó a comprender que tenemos un objetivo y un bien común, que es el ejercicio del liderazgo y ser esa voz de esas personas que no tienen voz”.
Agregó la lideresa como exigencia al Gobierno y la institucionalidad “que cumplan con su deber, que sean garantes de los derechos que tenemos como personas y como población diversa, para que de alguna u otra manera podamos seguir ejerciendo el liderazgo.”
En Apartadó, la voz de Ninoska López Rodríguez, de la Red Diversa, aporta una capa vital de resiliencia al proyecto: el liderazgo de las mujeres migrantes. Como lideresa de un grupo de 25 mujeres venezolanas y emprendedoras, Ninoska ha transformado el desarraigo en una red de apoyo mutuo, demostrando que la defensa de los Derechos Humanos no conoce fronteras. Para ella, ProDefensoras no solo fue un respaldo económico para sus iniciativas, sino “ un espacio de reconocimiento político que permitió a la población migrante integrarse con dignidad en el tejido social de Urabá. La protección colectiva debe ser inclusiva, recordándonos que las mujeres que cruzan fronteras también son guardianas de la vida y el territorio que las acoge.»
El proceso: Sanar para seguir luchando
ProDefensoras permitió que estas organizaciones pasaran de la supervivencia a la incidencia. El proyecto impulsó el arte con intención política y la construcción de memoria como métodos de denuncia. Colectivos como el Juvenil Maunífica Band de Quibdó utilizan la música y el arte para disputar narrativas que naturalizan la violencia, mostrando el talento y la valía de las mujeres negras afrodescendientes.
“Entonces yo diría que en verdad se nos abran esos espacios y que no sean solo palabras, sino que las personas se pongan la manita en el corazón y digan – No, los jóvenes en estos momentos tienen una voz que pueden impulsar y que pueda ayudar al territorio – ”, expresó Liliana Córdoba integrante de Maunífica Band.
«Sanar es un acto de rebeldía», coinciden las lideresas. El acompañamiento psicosocial les permitió entender que para cuidar el territorio, primero debían cuidarse ellas mismas. El proyecto les otorgó herramientas tecnológicas para proteger su información y protocolos de seguridad para moverse en sus barrios, reduciendo la vulnerabilidad ante quienes intentan callarlas.
El proceso ha dejado capacidades instaladas y redes locales de apoyo que reducen el aislamiento de las defensoras. Sin embargo, la exigencia al Estado colombiano sigue siendo firme: mayor inversión en prevención, protección con enfoque territorial y étnico, y el cese de la impunidad.
Voces en resistencia: ¿Qué significa «Ni un paso atrás»?
Frente a la consigna que movilizó el proceso, las lideresas sociales y personas LGBTIQ+ defensoras de Derechos Humanos de Quibdó y Apartadó dejaron mensajes contundentes que hoy resuenan como un manifiesto de libertad:
«Esa es nuestra gran apuesta y ni un paso atrás porque a pesar de que con el pasar del tiempo las cosas a veces se dificultan más, creemos que siempre es necesario seguir arriesgando, seguir apostándole a aquellas cosas que tú crees que se convierten en lo más importante para ti en la vida.»
— Leidy María Hurtado, Red de Madres y Cuidadoras (Quibdó).
“Porque yo creo que hemos luchado mucho para tirar la toalla. Entonces creemos que vamos a seguir insistiendo, persistiendo porque las mujeres aquí en el Urabá y las poblaciones LGBTIQ+ siguen necesitando de nosotros y ahí vamos a estar siempre.»
— Alba Lucía Díaz, Red Diversa y Asociación Corazón Verde (Apartadó).
«Entonces, todo este tipo de situación, de alguna u otra manera afecta nuestro entorno, nuestro ambiente, sin embargo; somos fuertes, resistentes, somos resilientes y mientras tengamos el soplo de vida, como me lo decía mi abuela, tenemos que luchar por esa libertad que tanto anhelamos y esa paz que deseamos tener en nuestro territorio. Ya por último, ni un paso atrás. Ni un paso atrás. Continuamos en la defensa de los derechos de nuestra gente, de nuestro territorio, de nuestra población, de nuestras mujeres en toda su diversidad..»
— Gosling Sharok Hernández, Fundación Empatía y Red de Mujeres Trans (Quibdó).
«No daremos ni un paso atrás porque de la salud mental depende en gran medida cómo nos sentimos y cómo seguimos luchando… para uno luchar por el territorio, luchar por nuestros derechos, tenemos que estar bien en todas nuestras áreas.”
— Harleth Osirys Murillo, Fundación Empatía Chocó.
«Ni un paso atrás es la garantía de que estos procesos no mueren hoy y creo que ya nos montamos a este barco y especialmente para mí, es muy difícil bajarme. Entonces, pues seguir demostrando nuestro talento y la valía que tenemos las niñas de Maunifica.»
— Liliana Cordoba, Maunifica Band Quibdó
“Para las mujeres de Apartadó y para las mujeres migrantes, ni un paso atrás es reconocer que tenemos derechos sin importar de dónde venimos. Es seguir construyendo hermandad y liderazgo para que ninguna mujer se sienta sola en tierra ajena»
— Ninoska López Rodríguez, Red Diversa Apartadó
