El municipio de Tadó conmemoró la vida y legado de Monseñor Eduardo Antonio Rosero Perea, cariñosamente recordado como Padre Rosero, un hombre cuya entrega espiritual, educativa y social marcó profundamente a su pueblo y a cada comunidad donde dejó su huella. Su memoria sigue viva como ejemplo de vocación, servicio y amor por su tierra.
Desde la Alcaldía de Tadó se extendió la invitación a residentes y visitantes para acercarse a la escultura ubicada en el Parque Principal Rey Barule, un espacio simbólico donde se reconoce su grandeza y se honra su invaluable aporte al desarrollo humano y espiritual del municipio. Este monumento busca mantener vigente el legado de un líder que inspiró generaciones.
Monseñor Rosero, nacido en 1911, ejerció primero como maestro antes de ser ordenado sacerdote en 1941. Su labor pastoral lo llevó a diferentes municipios del país, donde construyó templos, formó jóvenes y acompañó procesos comunitarios con disciplina, fe y cercanía. En Tadó dejó una marca imborrable con la construcción del templo de la Santísima Trinidad, una obra que aún refleja su visión y compromiso.
Fallecido en 2006 en su amado Tadó, su entrega continúa guiando a quienes reconocen en él un símbolo de servicio y humildad. Hoy el pueblo exalta su vida, agradece su obra y reafirma su legado como uno de los hijos más ilustres del municipio.
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