El terremoto que golpeó al Chocó dejó viviendas destruidas, instituciones educativas afectadas, daños en diferentes municipios y miles de familias enfrentando una difícil situación. Sin embargo, mientras avanza la atención de la emergencia, comienza a tomar fuerza una discusión que va mucho más allá de reparar paredes, puentes y carreteras: ¿será esta la oportunidad para comenzar a transformar problemas que el departamento arrastra desde hace décadas?
Antes del sismo, Chocó ya enfrentaba serias dificultades en materia de pobreza, agua potable, alcantarillado, infraestructura vial, salud, educación, conectividad y generación de empleo.
A esto se suma una realidad conocida por sus habitantes: un territorio inmensamente rico en agua, biodiversidad, oro, platino, recursos naturales y posibilidades turísticas, pero donde buena parte de la población continúa viviendo sin condiciones básicas que en otras zonas del país se consideran normales.
El presidente Abelardo de la Espriella ha visitado Quibdó en medio de la emergencia y anunció lo que denominó un “Plan Marshall” para la recuperación del departamento, planteando una intervención que, según sus declaraciones, debería ir más allá de la atención inmediata a las familias damnificadas.
La expectativa ahora está puesta en conocer cómo se materializará ese anuncio, cuáles serán los recursos destinados, qué obras serán priorizadas y, sobre todo, cuánto tiempo permanecerá el Gobierno Nacional acompañando al departamento después de que disminuya la atención generada por el terremoto.
La representante a la Cámara Astrid Sánchez ha señalado que la tragedia también puede convertirse en una oportunidad para que el Gobierno responda a una deuda acumulada durante muchos años con el territorio.
Su posición coincide con una preocupación que se escucha nuevamente en diferentes sectores: Chocó no necesita solamente volver a quedar como estaba antes del terremoto, porque antes del terremoto ya existían enormes dificultades.
Reconstruir las viviendas destruidas será fundamental. También recuperar colegios, centros de salud, vías, puentes y demás infraestructura afectada. Pero el verdadero reto estaría en aprovechar ese proceso para mejorar las condiciones en las que vivían las comunidades antes de la tragedia.
Durante décadas diferentes gobiernos han anunciado inversiones y programas para el departamento. Algunas obras han avanzado y otras continúan pendientes, especialmente aquellas relacionadas con la conexión vial del Chocó con otras regiones del país.
La geografía representa enormes dificultades, pero dirigentes y líderes sociales también señalan otros factores como la falta de continuidad en las inversiones, la corrupción, las economías ilegales, las debilidades institucionales y una histórica falta de oportunidades.
El líder social Dillon Martínez sostiene que el departamento necesita una intervención de mayor alcance que permita aprovechar sus propias riquezas y generar desarrollo para sus habitantes.
El representante James Mosquera Torres también ha insistido en que las condiciones del Chocó requieren un tratamiento diferente, especialmente en territorios donde todavía existen dificultades para acceder a energía eléctrica y comunicaciones.
Y precisamente el terremoto dejó nuevamente en evidencia uno de esos problemas: en varias comunidades, las dificultades de conectividad incluso han impedido conocer rápidamente la verdadera dimensión de los daños.
Después de una tragedia de esta magnitud, la prioridad necesariamente está en salvar vidas, atender heridos, garantizar alimentación, refugio y condiciones dignas para quienes perdieron sus viviendas. Pero posteriormente llegará una etapa quizás más complicada: reconstruir.
Será allí donde el Chocó podrá medir hasta dónde llega realmente el compromiso anunciado desde el gobierno.
Porque levantar nuevamente una vivienda que antes no tenía agua potable resuelve una parte del problema, pero deja otra intacta. Recuperar una escuela sin mejorar sus condiciones tampoco significaría una transformación completa. Reparar una carretera sin garantizar su continuidad mantendría las dificultades de siempre.
La emergencia abrió entonces una oportunidad que pocas veces se presenta: pensar la reconstrucción del Chocó desde sus necesidades históricas y no solamente desde los daños ocasionados por el terremoto.
El departamento necesita recuperar lo perdido, pero también avanzar en aquello que durante generaciones ha esperado.
Cuando desaparezcan las cámaras, disminuyan las visitas oficiales y el terremoto deje de ocupar los principales espacios de los medios nacionales, comenzará la verdadera prueba: comprobar si el anunciado plan para el Chocó termina convertido en obras y mejores condiciones de vida o si se suma a la larga lista de promesas que sus habitantes todavía esperan ver cumplidas.
